Yala siempre fue una empleada orgullosa de su trabajo — hasta que un día el mundo laboral la expulsó sin previo aviso. Ahí fue cuando el orgullo se evaporó de inmediato.

“Después de ser una excelente auditora en calidad, líder de proceso y todas esas cosas de las que una vez me sentí tan orgullosa (como si ser una esclava en una empresa fuera motivo de orgullo), me ví en el mundo de los desempleados.”

Le esperaban los meses más largos de su vida, en los que sin un ingreso con el cual sustentarse, y una familia que sostener, el mundo laboral la rechazaría por completo.

“Me embaracé a mis 45 años. De pronto ninguna empresa me aceptaba por mi edad… y así estuve en búsqueda durante un año y medio.”

No fue hasta después de noches de frustración y rechazo, que Yala se dió cuenta que su aparente miseria realmente era una bendición. 

“Después de todo esa trauma de sentirme “vieja” y de verme ignorada, hoy me siento felíz de que hubieran rechazado mis hojas de vida. ¿Por qué? ¡Porque un día los mandé a todos al carajo y emprendí por mi cuenta!”

Inconsciente de su habilidad, pero confiada en la demanda del mercado freelance y en los consejos de Éxito Electrónico, Yala tomó el control de su carrera profesional en sus propias manos.

“Soy muy buena en lo que hago, especialmente transcribiendo, pero no lo sabía hasta que te hice caso. Empecé a buscar por internet  y a ofrecer mi servicio, convencida de que alguien me necesitaría.”

Yala estaba en lo correcto. Sus servicios, su carrera, y su vida dio un giro 360 al pasar de ser una desempleada con tiempo de sobra a una freelancer súper ocupada.

“Isaac…hoy no tengo tiempo ni para ir al baño de lo bien que me ha ido como independiente. Hoy sentí la necesidad de hacer una pausa en mis transcripciones para decirte GRACIAS.”

Ahora Yala se asegura de darle prioridad a su vida y a la de su familia, y no a una empresa que la trata como a una cualquiera.

“Gracias a tí, a tu motivación y a todo tu material, me doy el lujo de estar en mi casa cuidando a mi chiquis (que nació prematuro) mientras gano dinero.

Yala admite que no todo ha sido color de rosa, pero que el orgullo de ser independiente no se compara a la ilusión de orgullo que sentía como empleada. Su decisión resultó ser la correcta.

“Obvio que me ha tocado muy duro como independiente…pero hoy puedo darme el lujo de decirle a una empresa: ‘No gracias…trabajo por mi cuenta.’ Y de eso si estoy orgullosa.”

***

P.S.: ¿Quieres que cuente tu historia? Si has utilizado mi material (sea del blog, de mis correos o de mis cursos online), y has visto resultados, respóndeme este correo lo antes posible. 

Lo daría TODO porque me cuentes más. Tendrás una fantástica historia como esta para presumir, y verdaderamente es la mejor forma de decirle “Gracias” a todo el trabajo duro que hago para ayudar a gente como tú.


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